Mi amigo, el que me inquietó a la aventura, me extrajo de ese pabellón y me llevó al contiguo que sí mostraba carnes apetecibles, aunque siempre enmascaradas en tenues luces rojas que ayudaban a encender la pasión. Me impresionó una retahíla de jóvenes apostados junto a una puerta que tenía adherida una placa plástica que anunciaba a “la charapa”. Dije para mis adentros qué rica debe ser esa mujer y cuánto placer habrá otorgado a simples mortales como yo. En fin, debía seguir buscando, hasta que hallé lo que buscaba: una opulenta y bien despachada tía que prometía enseñarme los escarnios del sexo y el ansiado clímax. La tuve y contuve por unos 20 minutos hasta que empezaron los imprevistos. El lívido se esfumó cuando la mujer bien despachadita apenas me insinuó que debía apurarme. Allí descubrí que era incapaz de trabajar a presión. La excitación se fugó por el vertedero y fui incapaz de sostener más la faena. En suma todo se fue al diablo. Pero el escarnio debía merecer una revancha y es así como planeé una vida lasciva, aunque controlada, que me conduciría por las más fervientes y desenfrenadas vías del placer que pronto les detallaré.
sábado, 16 de enero de 2010
La Primera
Mi amigo, el que me inquietó a la aventura, me extrajo de ese pabellón y me llevó al contiguo que sí mostraba carnes apetecibles, aunque siempre enmascaradas en tenues luces rojas que ayudaban a encender la pasión. Me impresionó una retahíla de jóvenes apostados junto a una puerta que tenía adherida una placa plástica que anunciaba a “la charapa”. Dije para mis adentros qué rica debe ser esa mujer y cuánto placer habrá otorgado a simples mortales como yo. En fin, debía seguir buscando, hasta que hallé lo que buscaba: una opulenta y bien despachada tía que prometía enseñarme los escarnios del sexo y el ansiado clímax. La tuve y contuve por unos 20 minutos hasta que empezaron los imprevistos. El lívido se esfumó cuando la mujer bien despachadita apenas me insinuó que debía apurarme. Allí descubrí que era incapaz de trabajar a presión. La excitación se fugó por el vertedero y fui incapaz de sostener más la faena. En suma todo se fue al diablo. Pero el escarnio debía merecer una revancha y es así como planeé una vida lasciva, aunque controlada, que me conduciría por las más fervientes y desenfrenadas vías del placer que pronto les detallaré.
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